Cuando era niña, Goyo no se despertaba a la salida del sol sobre los árboles de verde intenso de su Condoto natal, en Chocó, sino cuando su papá oficiaba el ritual cotidiano de ponerle sabor a su municipio.
Cada mañana su padre encendía el amplificador, a la manera de los picós de Barranquilla, y despertaba a su hija con la canción “Goyito Sabater”, del Gran Combo de Puerto Rico, que le valió a Gloria Martínez ganarse el apodo de Goyo para siempre. A orillas del río San Juan, bajo las intensas lluvias del Pacífico, la joven bella de ojos intensos creció amparada por los discos de coleccionista de su padre y por la chirimía, los currulaos y alabaos de las tradiciones ancestrales de los afrocolombianos de su región.
Goyo nació con la música metida en el alma y el recuerdo de todos los LP de su padre en la sala de su casa, y con una voz espléndida que le ayudó a cultivar su propia madre, quien animaba las fiestas familiares. Sin embargo, el mundo de la música a la que estaba acostumbrada comenzó a cambiar cuando el álbum “Bad”, de Michael Jackson, entró a formar parte de la colección de su padre y Condoto entera oyó esa rítmica forma de abordar la música.