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En la mayoria de los pueblos de nuestro biodiverso departamento del Chocó, es normal escuchar hablar de ciertas creencias que, existen personas que cuentan sus anécdotas con algunos personajes míticos y según nuestros abuelos están los que son malos, los que producen solo miedo, otros solo hacen bromas, están también los que desaparecen personas etc, etc.

Veamos algunos de esos mitos que hacen parte de las costumbres, del vivir, de las fiestas y del floklore del chocoano.


El duende

De acuerdo a lo que cuentan los abuelos, hay un duende malo y uno que solo es bromista o jugueton
Lo describen como un personaje de estatura baja y gordo, pero su apariencia es como la de un joven, sus atuendos son coloridos y brillantes y usa un sombrero grande.

Dicen que su lugar de residencia está localizado en la espesura de los bosques, acostumbra a molestar riendo a cargajadas y le esconde a las personas las cosas de las casas como las herramientas de agricultura y minería, los utensilios de cocina, la ropa etc.
Cuando no es correspondido se vuelve agresivo y dañas las cosas de la casa y asuste en las noches

Las brujas

La famosa frase “No hay que creer en brujas, pero de que las hay las hay” todos la conocemos y es una frase que dice mucho y al mismo tiempo puede decir poco, las creencias de las brujas es subjetivo y cada quien decide si cree o no cree, pero sin haber visto una contemplamos la posibilidad de que están ahí.

De las brujas dicen muchas cosas como que son mujeres que practican la hechicería, hacen pactos con espiritus oscuros y que se mueven volando en escobas en la oscuridad de la noche. Dicen que su peor enemigo es la sal. Pueden cambiar de apariencia y aparecese en forma de murciélago, de gallina o de gato.
A las brujas les gusta posar en los techos de las casas y reír a carcajadas. Asustan a jóvenes y adultos, pero prefieren a los niños a quienes de noche besan, dejándoles en sus mejillas tiernas, el sello de su boca. A éstos no pocas veces se los llevan para el monte, de donde sus padres o familiares tienen que sacarlos.

Cuentan que para hacer que se alejen de la casa, es necesario poner una escoba detrás de la puerta de la casa y para saber quien es la mujer y atrapar la bruja, se riega sal con pimienta en la casa.
Dicen que cuando mueren se les escucha aullido de un gato o el croar de un sapo en el estómago.

El Diablo
Le dan el nombre también de el Demonio, el Mandingas, el Diantre, el Ángel Malo, Lucifer, Belcebú, Biruñas, Cantuña, Satanás y el Espíritu del Mal.
En la mitología universal, el diablo está representado por un hombre negro, ordinario y feo, con cuernos, rabo y pezuñas, que echa candela por los ojos, armado de un largo tridente, con colmillos sobresaliente y enmarcado por una carcajada medrosa, alimentada por las llamas que expide y el humo nauseabundo que lo envuelve.

El diablo tienta tanto a hombres como a mujeres; tiene un alto poder sobre la naturaleza material para obrar y suele tomar formas para salirse con las suyas. Así puede transformarse en perro, mula, búho, tigre, murciélago, gato, toro, gallina o pato; en fin, en lo que quiera para causar el mal. Solo un crucifijo, la expresión “Ave María Purísima”, el agua vendita, el escapulario con la imagen de la Virgen del Carmen, o el Santo Rosario lo pueden alejar.
Vale la pena recordar que el Antiguo Testamento hace alusión a Lucifer y a los ángeles que se rebelaron contra Dios, y su expulsión al Infierno. Esta tradición se difundió a todo el cristianismo y se convirtió en la más grande expresión del mal y del pecado.
Por extensión, la palabra “Diablo” suele aplicarse a los niños bastantes traviesos, indóciles e inquietos; igualmente a las personas muy feas; también se emplea como interjección.

El Mohán

Los describen como un hombre viejo con mucho pelo en todo el cuerpo y en la cabeza, con unas muy largas, que viven en las partes altas de las montañas, en las playas de ríos y en quebradas. Y Que tiqne una apariencia endemoniada.
Es considerado como la semidiós masculino de los ríos. No es malo, por el contrario le gusta hacerle bromas a las personas que se dedican a la pesca les enreda el anzuelo o la atarraya, les daña el copón, les arranca las estacas, les corta el hilo de la tola o del balandro.
Dicen que le gusta asolearse en las platas y que esconde tesoros en los peñascos
El Mohán, dicen, influye en las crecientes y, como se siente dueño de los ríos, riachuelos, arroyos y quebradas, ataca o toma del pelo de manera de advertencia a quienes invaden su dominio; por ello tiene a los pescadores en su mira, a quienes no solamente hace bromas pesadas sino que, en muchas ocasiones, les voltea la canoa, los ahoga y los devora cuando persisten en invadir sus pertenencias.
A más de ser enamorador y obsequioso con las adolescentes, a las que persigue a toda costa, el mohán sabe de brujerías y es gran fumador de tabaco; por eso, para entretenerlo o calmarlo le dejan en sus dominios paquetes de cigarrillos y puchos de sal, que también apetece.
El Mohán puede transformarse en oso, león o tigre, según las circunstancias.

La Madremonte
Es considerada por los campesinos de casi todas las regiones del Chocó como una especie de deidad tutelar de los montes y las selvas; se viste con chamizas, bejucos, hojas y ramas de árboles y se enraíza en los pantanos. Es alta y corpulenta, con ojos desorbitados, de los que hace brotar chispas de candela. Tiene colmillos punzantes como los de saíno, tatabro o tiburón. Siempre está cubierta de musgos y su cabellera la protege con un sombrero grande de hojarascas que le ocultan la cara. Quienes la conocen dicen que es mitad mujer y mitad monte y pantano.
La Madremonte se encuentra en el nacimiento de los ríos y quebradas, y cerca de las peñas. Aparece en las zonas donde hay marañas y manigua, entre árboles copiosos.

Su misión es cuidar los bosques, las selvas y en general, la naturaleza. Es por ello que ataca con ferocidad cuando hay vientos, tempestades e inundaciones que acaban con las cosechas y los sembrados. De igual manera, lanza gritos estridentes e infernales, precedidos de quejidos furiosos cuando los taladores de árboles y los cazadores invades sus predios. De ella se dice que atrae, con facilidad, a los leñadores que buscan su sustento en las trochas y los caminos; pues, al escuchar sus chillidos ensordecedores, parece que una fuerza hipnótica les ordenara seguir sus pasos entre los matorrales y la naturaleza, donde les hace extraviar su derrotero, días, semanas y meses. Allá los descuartiza y, finalmente, se los come, dejando como residuo solamente un rimero de huesos deformes.
Cuando hay tempestades y los ríos crecen arrastrando palos, troncos de árboles, ramas y hojas secas, regularmente se dice que ello es debido a que la Madremonte está haciendo limpieza. También se dice que cuando el agua se enturbia o se ensucia, es porque la señora -mitad mujer y mitad monte y pantano-, se está bañando; por ello, es recomendable que esos días nadie beba agua del rió o nade en él, ya que su cuerpo putrefacto deja un olor pestilente que contagia produciendo culebrilla, carácter, buba, sarna o tabardillo.

Para evitar la Madremonte, los campesinos le dejan tabaco en sus parajes, pues ella es buena fumadora o, sencillamente, llevan consigo pepas de calabalonga, medallas y escapularios benditos, y varas de cordoncillo.

La Madremonte, también se comenta, defiende de encarecidamente a las doncellas de los violadores y persigue a morir a los vagabundos y esposos concubinos, cuando éstos salen de pesca o de paseo por los bosques, las fincas o las haciendas. A la Madremonte también se le llama Madreselva o Marimonda.

La Madre de Agua

La Madre de Agua (Marediagua) es, según la creencia, una mujer de cuerpo esbelto, atractiva y hermosa, de cabellera rubia y larga, con buena voz para el canto. Cuando quiere atraer a alguien basta con entonar una canción que escoge especialmente para el momento preciso. Quien la escucha se fascina con el ritmo y la cadencia de su voz melodiosa, con los cuales logra hipnotizar a sus victimas y hacer que la sigan automáticamente hasta un río o una quebrada, para ahogarlas llevándolas después a las profundidades de las aguas, donde tiene su palacio.
La Madre de Agua, se dice, tiene preferencia por los niños a quienes atrae fácilmente con su dulzura y su voz musical pegajosa. Es por ello que los moradores del campo no dejan a sus hijos solos a orillas de los ríos, mientras salen a cumplir sus faenas diarias, pues el peligro de que la Madre de Agua se los lleve es inminente. Los niños flechados por la Madre de Agua se enferman, sueñan con ella, la llaman y la desean fervientemente. Como se dijo antes, basta con que se escuche su voz para seguirla a ciegas, maquinalmente.
Esta mujer escultural y simétrica, según la creencia, también suele presentarse con traje de musgos y lamas, se camufla entre los charcales a la orilla de los ríos, riachuelos y quebradas para atrapar a los pescadores, llevárselos a su estancia subacuática y devorarlos.

La Llorona

Según la versión de los campesinos, la Llorona es una mujer soltera que tuvo un hijo y lo ahogó en una quebrada para borrar su deshonra, y Dios la castigo condenándola a espiar su crimen en todas las quebradas del mundo a donde lleva a su hijo entre sus esqueléticos brazos. Se dice que no cesa de llorar lastimosamente, implorando compasión. Su llanto es tétrico, desesperado, profundo y desgarrador.
La Llorona es una mujer flaca, con ojos brotados y el rostro macilento y cadavérico por el desgaste del llanto y del sufrimiento.
La infortunada mujer no solo hace presencia en las quebradas si no también en las riveras de los ríos, en los riachuelos y en las orillas de los montes.
Quienes la han visto y han escuchado sus lamentos dicen que el drama es inefable: hiela la sangre, pone los pelos de punta y petrifica.

Es, pues, la Llorona, la imagen de la madre que llora el infortunio de haber causado la muerte a su hijo y con gritos letales, angustiosos y conmovedores y con lágrimas amargas paga la deuda de su pecado mortal.

Algunas sociedades la relacionan con una religiosa que después de haber tenido un desliz sexual con un sacerdote, desesperada se suicida y, como una replica del Judío Errante, aparece tarde en las noches en los pueblos donde hay monasterios y conventos, derramando lagrimas y lanzando gritos estrepitosos, y profiriendo frases de pesar y arrepentimiento.

La Viudita

Es una mujer sesentona que se presenta vestida con atuendo igual al que usaban las viudas en otros tiempos: ropa negra, falda hasta los tobillos y una especie de velo del mismo color que le cubre el rostro y parte del cuerpo. Camina rápidamente.
De la Viudita se dice que sólo se ve la sombra y que cuando visita la casa de un enfermo es anunciación segura de muerte. Los familiares se resignan al presagio y no les queda más que preparar al enfermo para el viaje al más allá; traen a un sacerdote para que los confiesen y le administre los santos oleos; mandan hacer la caja, compran sirios y preparan la sala para el velorio. Algunos dolientes acostumbran sentar al enfermo en la cama, darle un vaso de agua en presencia de un crucifijo para que muera en paz, y le piden que exprese su ultimo deseo. Lo acuestan y en la frente le hacen la señal de la cruz, con agua bendita y empiezan a rezar las oraciones finales.
Si alguna de las pertenencias del candidato o difunto esta en desorden, la ordenan y la guardan en un baúl de madera con llave. Así el muerto no regresara a casa a recoger sus pasos ni molestara, ni asustar a nadie.

Quienes han visto de cerca de la viudita confiesan que es desdentada y tiene apariencia cadavérica. Se dice, además, que tiene la misión de conducir a los borrachos que encuentra a su paso, al cementerio y dejarlos allí muertos de miedo. En otros casos se contenta con asustarlos, es una mujer muy emperifollada que hace mucho ruido con sus enaguas y también arroja fuego por las orbitas deformes de sus ojos llorosos.

El Ánima Sola

Es un mito que tiene asiento en muchas regiones del occidente colombiano, entre ellas el departamento de Chocó. Valga la pena recordar que el mes de noviembre es destinado a los difuntos y se acostumbra rezarles rosarios a la Virgen del Carmen, tanto en las casa como en las iglesias. Para sacarlos de pena y ponerlos a descansar. En otros tiempos existía, en muchos pueblos de Colombia, la costumbre de ofrecer “mandas” a las Benditas Ánimas del Purgatorio, menos a una conocida como “el Ánima Sola” la cual esta condenada a quedarse allí hasta el día del Juicio Final; pero el campesino, a pesar de ello, le tiene devoción.

Como ha purgado tanto tiempo de su castigo, considera que es un alma purificada que tiene el poder del milagro. Algunos aseguran que han sentido su compañía en momentos difíciles de la vida y que han visto su luz protectora. A quienes han dudado de sus favores, dice la creencia, se les ha aparecido envuelta en las llamas de sufrimiento del purgatorio y han quedado desmayados y privados del habla por el susto, durante horas y días.
El Ánima Sola tiene dos días especiales para su devoción: Viernes Santo, después del primer canto del gallo, y el 2 de noviembre, día de las ánimas o los difuntos.

La Pata Sola

La Pata Sola es un mito de las selvas, que se manifiesta como una figura con una sola pata que termina en una pezuña grande de burro o de caballo, de puerco o de chivo. Es una mujer vieja de cabello áspero y enredado, ojos rojizos y brotados, desnuda, con un solo pecho, boca grande, nariz de gancho, brazos largos, labios gruesos y colmillos de tigre. Con una sola pata da saltos gigantescos y mortales, y avanza con rapidez sorprendente.
Es la madre de los animales del monte, encargada de borrar las huellas o los rastros de los animales perseguidos por otros; pero para que esta operación se cumpla debe caminar al revés es, pues, la Patasola un ser unípedo. A su única pierna se unen los dos muslos. Se dice que es amiga de casi todos los animales montaraces, a los que defiende a capa y espada de otros animales y de los humanos, especialmente de los cazadores, caminantes y colonos.

La Patasola, según versión del campesinado, se transforma en mujer hermosa, motiva y cautiva a los hombres, y se los lleva hasta la espesura de las montañas donde los abandona, unas veces sin ofenderlos; otras, triturándolos con sus puntiagudos colmillos. También suelen transformarse en perro cazador, de orejas grandes, o en una vaca, según las circunstancias. De ella se dice, además, que se roba los niños para chuparles la sangre y después abandonarlos en el monte.
La versión popular dice que la Patasola era una mujer bella, pero que por libertina le amputaron una pierna con un hacha y la arrojaron a una hoguera hecha con tusa de maíz; por eso, no puede ver el hacha, la candela ni las mazorcas de maíz. Para resguardarse de la Patasola los cazadores llevan perros, pues éste es el único animal que siente sus pasos y la avista a distancia, el que mejor conoce los intricados caminos de la selva, dado su oficio de “cazador” y animal domestico que más le teme por que le conoce sus pisadas y su secreto.

La Vieja Comilona
Es un mito muy común en el Atrato Abajo. Hace su presencia en lugares al aire libre donde suele prepararse comida del día a trabajadores de finca y jornaleros, en fogones de leña.
No se puede descuidar por un solo instante ollas de arroz y, en especial plátano asado, porque en un abrir y cerrar de ojos aparece sigilosamente esta vieja enloquecida por el hambre, con el estomago pegado a las espaldas, de pelo largo, colmillos salientes, bien afilados y boca descomunal. Simplemente se acerca al fogón y, en menos de lo que canta un gallo, acaba con cuanto alimento tiene a su alcance; pero su especialidad es el plátano asado. De este tubérculo se dice que puede devorar una ración completa, de una sola sentada y como su estomago no tiene fondo, nunca se llena.
La Vieja Comilona pasa de un sitio a otro a esculcar nuevos fogones, orientada por la estela de humo que dejan los tizones y por los ruidos de las hachas, machetes y azadones de labranza.
Este personaje es silencioso e inofensivo. Su única reacción violenta consiste en revolver con cenizas y brasas los alimentos, cuando se le niegan.

La Mula de Tres Patas (mula cuaresma)
Quienes se la han encontrado, dicen haberla visto en el Carmen del Atrato. De ella se cree que sólo aparece en las regiones de Colombia en donde se cría ganado vacuno y caballar, y donde hay caminos de herraduras.

Según testimonios, esta mula aparece después de las doce de la noche, haciendo sonar fuertemente sus herraduras en los empedrados. Se asegura que es una mula grande y muy pesada que prefiere los senderos solitarios y oscuros para alumbrarse con sus ojos de candela y el fuego chisparoso de su boca. Si alguien la ve y quiere evitarla, lo recomendable es dejarla pasar, pues lo que se dice es que los curiosos que han querido seguirla hasta su destino nunca han llegado y han aparecido muertos en el camino, quemados con azufre.

Parece ser que la Mula de Tres Patas es, también, un alma en pena, cuya misión es solamente recorrer los caminos empedrados o de herradura, sin ninguna pretensión.

La Niña de la Carta

Es una niña de carne y hueso, completamente vestida de blanco. La impresión que da es la de estar a punto de hacer la primera comunión o de haberla acabado de hacer. Se presenta compungida y bañada en lágrimas, sentada a la vera de los caminos; el rostro lo lleva oculto bajo un velo del mismo color del vestido, y en su mano derecha porta una carta. La carta lleva destinatario y dirección.

La Niña, que a simple vista despierta compasión, suplica al primero que pase que le haga llegar esa carta a su destino, ya que ella dice ser forastera; además, no sabe leer ni escribir. Los caminantes que han oído hablar de la historia salen corriendo ante la solicitud lastimera de su portadora. Los ingenuos reciben la carta de la atribulada niña que, según la historia, fue violada y asesinada el día de su primera comunión en una finca cercana, mientras sus padres le celebraban con entusiasmo y pompa. Al entregarla, la niña instantáneamente desaparece en el aire. Al emisario se le hielan las extremidades debido al miedo y cae al suelo sin conocimiento, derribado por el peso oneroso de la encomienda: ¡pesa tres arrobas!

El Ayudado

Es un personaje misterioso que parece tener pacto con el diablo para salir invicto de las peleas. No le entra bala, ni machete, y desaparece de lugares claves, como por arte de magia, ante la mirada atónita de los presentes. De él se dice que se vuelve invisible cuando quiere, reduce su tamaño corporal cuando se le antoja y puede desaparecer por la hendija más pequeña de una puerta o una habitación.

Para desorientar a quien lo persigue, se puede convertir en una silla, una mesa, un perro, un racimo de plátano, una gallina, un pato o una hormiga, según la circunstancia o conveniencia. Quienes han tenido el infortunio de pelear con el Ayudado, obviamente sin saberlo, dicen que su experiencia es la de haber enfrentado a un hombre supremamente ágil y diestro en tirar golpes con mano de plomo o de hierro, sin recibir ninguno a cambio. Si por accidente sufre un desliz y cae al suelo, se levanta como un resorte y salta de un lugar a otro con la velocidad de la luz. De sus ojos brotan chispas de candela y de su boca espumarajos de ira.
Los Ayudados, según los entendidos, pueden obtener o poseer todo lo que deseen, con tal de que les vendan su alma al diablo. El dinero que consiguen, por ejemplo, lo duplican, triplican o cuadruplican cuantas veces quieran, a condiciones de que tienen que gastarlo el mismo día o si no se les convierte en piedra u hojas secas y el diablo les arranca el alma con un tridente.

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